Soy psicoterapeuta con base en Guadalajara, México. Tengo una licenciatura en Psicopedagogía y una Maestría en Psicoterapia, mi práctica se desarrolla desde un enfoque integrativo, que parte de la comprensión de que cada persona es compleja y única, y que su malestar emocional no puede reducirse a una sola causa ni abordarse desde una sola mirada.
Trabajo integrando principalmente herramientas del enfoque psicodinámico, sistémico y humanista, lo que me permite explorar los significados que cada persona ha construido a lo largo de su historia, la forma en que se vincula consigo misma y con los demás, y los contextos relacionales, sociales y emocionales que influyen en su manera de vivir y sentir.
Desde esta perspectiva, acompaño procesos terapéuticos de jóvenes, adultos y adolescentes que atraviesan ansiedad, tristeza, confusión emocional, conflictos en sus relaciones, procesos de duelo o momentos de transición vital. Mi formación incluye acompañamiento con perspectiva de género y trabajo con personas de la comunidad LGBT+, integrando estas miradas de forma ética, informada y no patologizante dentro del proceso terapéutico, sin que mi práctica se limite exclusivamente a esta población.
El objetivo de mi trabajo no se limita a aliviar síntomas, sino a favorecer una comprensión más profunda de la experiencia emocional, promoviendo cambios sostenidos en la manera en que la persona se entiende, se vincula y habita su vida.
ILEF – Instituto Latinoamericano de Estudios de la Familia
2025
ITESO – Universidad Jesuita de Guadalajara
2024
ITESO – Universidad Jesuita de Guadalajara
2021 – 2023
Universidad Panamericana
2016 – 2020




Mi interés por la psicología y por la experiencia humana comenzó desde muy temprano, ligado a una pregunta constante por el sentido, la historia personal y la posibilidad de vivir una vida más consciente. La frase inscrita en el Templo de Apolo, “Conócete a ti mismo”, ha acompañado mi forma de pensar la clínica no como una consigna moral, sino como una invitación profunda a mirar lo propio, incluso aquello que incomoda.
Mi formación inicial en Psicopedagogía me permitió acercarme a los procesos de aprendizaje en distintas etapas de la vida, especialmente en adolescentes. Fue ahí donde confirmé algo que marcó definitivamente mi camino profesional: en todo proceso de aprendizaje, más allá de lo académico, lo cognitivo o lo conductual, existe siempre una dimensión emocional y psíquica que sostiene —o dificulta— la posibilidad de aprender, vincularse y desarrollarse. Comprender esa dimensión se volvió central para mí.
Este interés me llevó a formarme como psicoterapeuta estudiando la Maestría en Psicoterapia. Desde entonces, he construido una práctica con un enfoque integrativo que articula principalmente la psicoterapia psicodinámica contemporánea, la terapia familiar sistémica y siempre con una mirada humanista. No concibo la práctica terapéutica desde lecturas rígidas ni reduccionistas, sino desde la comprensión de la complejidad subjetiva de cada persona.
En mi práctica, el diagnóstico no define a la persona. Lo entiendo como un marco de referencia que orienta el acompañamiento, pero nunca como una etiqueta que explique o agote la experiencia de quien consulta. Mi postura se distingue con claridad entre la persona y su malestar, evitando lecturas patologizantes que reducen la vida psíquica a categorías cerradas.
Parte importante de mi formación y reflexión clínica ha estado vinculada al estudio de los procesos identitarios y sus repercusiones en la salud mental, particularmente en contextos donde la diferencia ha sido históricamente leída como problema. Desde ahí, integro una perspectiva de género, y un posicionamiento ético que busca cuidar que el sufrimiento no sea atribuido a quien es la persona, sino a los conflictos, vínculos y contextos que atraviesa.
Este posicionamiento atraviesa todo mi trabajo terapéutico, permitiendo ofrecer un espacio donde las personas puedan pensarse sin juicios, sin intentos de corrección y sin tener que defender quiénes son, favoreciendo procesos de mayor claridad, autenticidad y bienestar emocional.
Concibo la psicoterapia como un espacio de trabajo profundo. No se trata de dar respuestas ni de indicar qué hacer, sino de ofrecer un lugar donde la historia pueda ser pensada, y la figura terapéutica funcione como espejo para que así los puntos ciegos puedan volverse visibles.
Como escribió Kierkegaard, “la vida solo puede entenderse mirando hacia atrás, pero debe vivirse hacia adelante”. En ese movimiento —entre comprender y elegir— se sitúa, para mí, el trabajo terapéutico.
El trabajo terapéutico requiere presencia, continuidad y un compromiso real con el proceso. Implica sostener lo que incomoda y darse el tiempo necesario para que algo pueda pensarse y transformarse.
Creo que todo aquello que puede ser sentido y pensado, puede también transformarse. Desde esa convicción trabajo: acompañando a cada persona a construir una relación más clara, más auténtica y más habitable consigo misma y con los demás.