Puedes solicitar una sesión desde el botón de contacto del sitio o escribirme por WhatsApp. A partir de ahí, revisamos disponibilidad y resolvemos cualquier duda práctica antes de confirmar el inicio del proceso.
Si la modalidad puede ser de forma presencial en Guadalajara o en línea para personas que requieren mayor flexibilidad por ubicación o tiempos. La modalidad en línea se realiza a través de plataformas como Zoom y permite dar continuidad al proceso terapéutico de manera efectiva, adaptándose a la ubicación y necesidades de cada persona.
La primera sesión es un espacio de encuentro y exploración. Hablaremos del motivo por el que buscas terapia, de lo que te está pasando actualmente y de tus expectativas respecto al proceso. También es un momento para que conozcas mi forma de trabajar, decidas si te gusta o no y podamos evaluar si este espacio terapéutico es adecuado para ti.
Durante las primeras sesiones realizo una evaluación inicial que me permite comprender con mayor profundidad lo que estás viviendo, tu historia, tus vínculos y las dificultades que te trajeron a consulta. Este proceso suele desarrollarse a lo largo de las primeras cuatro sesiones.
La evaluación es un trabajo conjunto: a través del diálogo, entrevistas clínicas y, cuando es pertinente, el uso de algunos instrumentos psicométricos, vamos construyendo una comprensión más clara del malestar y de los aspectos que conviene trabajar. A partir de ello, reflexionamos juntos sobre los objetivos del proceso terapéutico y la forma en que podemos abordarlos.
Las primeras sesiones tienen una duración aproximada de 60 minutos. Posteriormente, las sesiones regulares duran 45 minutos.
En la mayoría de los casos, recomiendo una frecuencia semanal, especialmente al inicio del proceso, ya que favorece la continuidad y profundidad del trabajo terapéutico. La frecuencia puede revisarse y ajustarse con el tiempo, de acuerdo con el momento del proceso y las necesidades de cada personas.
Se recomienda iniciar un proceso terapéutico cuando existe malestar emocional, ansiedad, tristeza, conflictos en los vínculos, procesos de duelo, crisis personales o momentos de confusión.
También cuando hay patrones que se repiten, dificultades para comprender lo que se siente o el deseo de conocerse mejor y trabajar la propia historia emocional con mayor profundidad.
Trabajo principalmente con procesos terapéuticos individuales en adolescentes, jóvenes y personas adultas. Dependiendo de la disponibilidad y del caso, también he acompañado procesos de pareja.
No realizo psicoterapia con niñas y niños; en esos casos ofrezco intervención psicopedagógica, enfocada en dificultades en el proceso de aprendizaje cuando existe un componente emocional que lo interfiere.
Cuento con formación y experiencia en el acompañamiento de personas de la comunidad LGBT+, así como en el trabajo desde una perspectiva de género y feminista, que permite comprender el malestar psicológico considerando los contextos relacionales, sociales y culturales en los que cada persona vive.
No realizo psicoterapia con niñas y niños. En esos casos, ofrezco intervención psicopedagógica, enfocada en dificultades en el proceso de aprendizaje cuando existe un componente emocional que lo interfiere.
Dependiendo de la disponibilidad y del caso, también he acompañado procesos de pareja, siempre desde una evaluación cuidadosa de la situación y de lo que se busca trabajar.
Trabajo desde la psicoterapia integrativa, un enfoque respaldado por la literatura contemporánea que parte de la idea de que el malestar psicológico no puede comprenderse desde una sola teoría ni abordarse con intervenciones estandarizadas. Integro principalmente la psicoterapia psicodinámica contemporánea, la terapia familiar sistémica y recursos del enfoque humanista, articulándolos de forma coherente según la historia, el momento vital y las necesidades de cada persona.
Este enfoque permite explorar los significados afectivos, los patrones relacionales y los conflictos internos que se han ido construyendo a lo largo de la vida, poniendo atención tanto a lo consciente como a lo que emerge en la relación terapéutica. El trabajo no se centra únicamente en aliviar síntomas, sino en comprenderlos dentro de un contexto más amplio —personal, vincular, social y cultural— para favorecer cambios más profundos y sostenibles.
La integración no implica mezclar técnicas al azar, sino sostener una mirada clínica compleja, ética y reflexiva, donde el proceso se construye de manera colaborativa y respetuosa, cuidando siempre la singularidad de cada persona.
Mi forma de trabajo se basa en un proceso terapéutico colaborativo, donde la relación terapéutica es un eje central del acompañamiento. El vínculo que se construye en sesión permite observar, comprender y trabajar las formas en que cada persona se relaciona consigo misma y con los demás, ya que muchas de estas dinámicas suelen aparecer también dentro del espacio terapéutico.
Escucho de manera cuidadosa y sostengo un diálogo reflexivo que favorece la exploración de emociones, pensamientos y vínculos a partir de la historia personal. La sesión se convierte en un espacio donde es posible detenerse, pensar lo que ocurre en el presente y conectar esas experiencias con patrones relacionales más amplios.
El proceso se construye con continuidad y claridad, respetando los tiempos de cada persona y sosteniendo aquello que genera incomodidad o conflicto. Mi objetivo es acompañar a que estas experiencias puedan pensarse, comprenderse y transformarse, promoviendo una relación más integrada y consciente consigo misma y con los otros.
La psicoterapia es un tratamiento efectivo para abordar malestares como ansiedad, depresión, duelos, crisis vitales, dificultades vinculares o procesos de inestabilidad emocional. Sin embargo, su alcance va más allá del alivio de síntomas específicos.
A lo largo del proceso terapéutico, es posible comprender con mayor claridad lo que te sucede, poner en palabras experiencias emocionales complejas y reconocer patrones que se repiten en la manera de sentir, pensar o relacionarte. Este trabajo favorece una mayor conciencia emocional, una regulación afectiva más estable y decisiones más alineadas con las necesidades de cada persona.
La terapia también permite fortalecer recursos internos para afrontar situaciones difíciles, revisar creencias que generan sufrimiento y construir formas más cuidadosas de vincularte contigo misma/o y con los demás. Desde este lugar, muchas personas experimentan cambios en su autoestima, en la calidad de sus relaciones y en la forma en que habitan su vida cotidiana.
Cada proceso terapéutico es único. Los efectos y alcances de la terapia dependen tanto del momento vital de la persona como de su disposición a implicarse en el trabajo emocional. Por eso, el proceso se construye de manera gradual y colaborativa, y es importante contar con un espacio y una terapeuta con quien te sientas acompañado/a y en confianza para sostenerlo en el tiempo.
Más que ofrecer soluciones rápidas, la psicoterapia abre un espacio para pensar la propia historia, elaborar experiencias que han dejado marca y posibilitar cambios profundos y sostenibles hacia una vida emocional más clara, auténtica y habitable.
Cuando el proceso lo requiere, puedo trabajar en coordinación con psiquiatras u otros profesionales de la salud mental. Considero que la atención integral es fundamental, especialmente en casos donde el uso de medicación puede ser un apoyo al proceso psicoterapéutico.
La decisión de derivar o sugerir una interconsulta se valora de manera cuidadosa y conjunta, siempre priorizando el bienestar de la persona y respetando su ritmo, necesidades y contexto. La psicoterapia y el tratamiento farmacológico, cuando se indican adecuadamente, pueden complementarse sin que uno sustituya al otro.
Iniciar un proceso terapéutico implica darse el tiempo para trabajar lo que duele, lo que se repite o lo que hoy genera malestar. La terapia es un espacio que se construye con continuidad, donde poco a poco se van pensando experiencias, vínculos y emociones que no siempre han tenido lugar para ser comprendidas.
El compromiso tiene que ver con sostener el espacio, asistir con regularidad y participar de manera honesta en el proceso, incluso cuando aparecen momentos de confusión, duda o incomodidad. Estos momentos suelen ser parte del trabajo y también una vía para generar cambios.
Más que cumplir con reglas, comprometerse con la terapia significa permitirse estar en el proceso, respetar sus tiempos y confiar en que la comprensión que se va construyendo puede abrir nuevas formas de relacionarte contigo y con los otros.
Algunas preguntas se aclaran aquí; otras necesitan de la sesión terapéutica para pensarse.